Siglos XIX y XX 2ª parte

Todos los cronistas de la época coinciden en la descripción que hacen de Ciempozuelos, por lo que deducimos que, hasta la fundación de los hospitales psiquiátricos, las variaciones en la morfología urbana debieron de ser mínimas. Miñano destaca como construcciones más significativas la parroquia, los conventos, el hospital, el pósito, un establecimiento del Real Patrimonio vinculado a la acequia del Jarama -en 1795 se unificó su gobierno con el del Real Sitio de Aranjuez, aunque la contaduría y tesorería, separadas, se encontraban en Ciempozuelos-, la fuente para el ganado y tres ermitas: además de las ya conocidas y consagradas a San Juan Bautista y a Nuestra Señora del Consuelo, en el inicio del camino de Valdemoro -actual calle Jerónimo del Moral- se levantaba la ermita de la Soledad. Cuyas imágenes formaban parte de la vistosa procesión del Viernes Santo, y de la que Madoz dice que “nada ofrece de particular”; quizás por esta razón fue sustituida desgraciadamente hace unos años por una moderna edificación.

El mismo cronista añade a la lista de Miñano el ayuntamiento, dos escuelas y la plaza Mayor, contabilizando un total de 300 casas, mientras que Marín Pérez aumenta el caserío hasta 480 edificios y nos habla ya del asilo de Nuestra Señora del Consuelo, fundado en 1864 con el objeto de “recibir a todas las pecadoras arrepentidas, cualquiera que sea su país, edad y condición que, por sus circunstancias excepcionales, no pudieran ser admitidas en otros establecimientos”; la institución estaba a cargo de la conocida comunidad de Oblatas del Santísimo Redentor, que, como sabemos, había ocupado el edificio del antiguo convento de Franciscanos. También menciona Marín Pérez dos posadas, cinco escuelas (dos de niños, dos de niñas y una de adultos), y por supuesto, los dos manicomios, uno para cada sexo, fundados por el recientemente canonizado San Benito Menni, hermano hospitalario de la Orden de San Juan de Dios.

El manicomio masculino abría sus puertas en 1877, ubicándose inicialmente en una finca situada en el extremo oriental del pueblo, próxima a la estación de ferrocarril y colindante por el norte con la carretera de Chichón, y sus edificaciones, en forma de T, se disponían en continuidad formando un conjunto de patios regulares ajardinados. Más tarde, a medida que aumentan las necesidades, el hospital adquiere nuevos terrenos (fundamentalmente el norte de los primitivos, separados de éstos por la carretera), dando lugar a un enorme recinto, cercado por tapias, en el que se sustituyen las antiguas construcciones por pabellones aislados y se levanta un gran número de dependencias auxiliares -molinos, lagar, graneros, vaquería, talleres, huerta, etc...- que posibilitan su funcionamiento como entidad autónoma, a modo de pequeña ciudad dentro del casco de Ciempozuelos.

En cuanto al manicomio femenino, su fundación más tardía -1881- y el hecho de que no estuviesen sus dependencias explican que tanto Marín Pérez como Muñoz sean mucho más escuetos en sus descripciones. Se situó en el borde sureste del núcleo de población, ocupando una superficie menor que la del hospital masculino, y limitaba al norte con la calle de la Virgen y al sur con el barrio de cuevas del Prado. La organización constructiva era la ya conocida a base de pabellones yuxtapuestos configurando patios más pequeños que los del manicomio de hombres y, aunque Marín Pérez relata que existían dependencias generales y una huerta, Muñoz, en 1891, nos aclara que no había ninguna de estas instalaciones. Tanto la administración como la asistencia personal a las enfermas y la limpieza de los edificios estaba encomendada a las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús, mientras que de la farmacia se encargaban los funcionarios del hospital masculino; además, tal y como sucedía en éste, buena parte de los pacientes estaban pensionados por la Diputación Provincial.